viernes, 4 de febrero de 2011

No hay lugar para los viejos treinteañeros

El pasado te asalta de repente, una mañana que no esperabas, llega la secundaria a recordarte lo vieja que estas, una noche se acerca de repente y acecha recordándote el niño que ya no eres.

No se puede evitar hacer un recuento de los daños y quizá, un inventario de las ganancias. ¿Que nos dejo el vivir como vivimos?, ¿que nos falto al crecer?, que daño nos hizo lo que hicimos y dejamos de hacer. Las decisiones tontas que tomamos, las inteligentes que decidimos atravesar aunque doliera.

Nada de esto tiene sentido, como si revivir el pasado mejorara alguna vez la existencia presente de alguien. Ahora somos lo que somos y lo fuimos, un conjunto de todas las cosas que arrastramos desde la infancia, otras tantas que nos impusieron las autoridades.

Pero, hay una categoría distinta, que ve a su pasado con malos ojos y piensa cada vez que se lo encuentra:"te vencí complejo de fealdad", "te vencí sentimiento de inferioridad anti-amigos", "te vencí incapacidad de estar en un lugar lleno de gente", "te vencí depresión enfermiza", "te vencí enamoramiento iluso", "te vencí complejo de victima". Y se ríen y se burlan ante la idea de que para los demás el pasado siempre fue mejor.

Sin duda, el presente es iluminación ante un pasado lleno de sombras. Risas macabras, risas macabras, risas macabras.

.Hoy, es felicidad.Hoy, estas aquí.